Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de enero, 2014

Para Leonora.

"Hasta el más perfecto sistema es inútil cuando se usa en la persona incorrecta. Soy un ser muy impaciente, cuando quiero que algo ocurra quiero que sea ya, y con dificultad he aprendido que todo el tiempo, aun cuando parece tan lento, tiene motivo de ser. Son demasiadas ya las señales de que mi vida es como yo quiero, pero tenía miedo de aceptarlo. Me siento más libre ahora. Para Leonora con amor, siempre Hill, Cuernos"
¿Quién eres tú que me persigues desde hace 4 años? ¿Quién eres tú y qué deseas? ¿Quién eres tú y en qué te puedo ayudar? Terror nocturno de las sombras, que en el canto de una niña te cobijas Es horrible tu telar Es peor saber que tras la inocencia te escondes Tengo quien me ama y me protege Tengo quien espada blandirá para alejarte finalmente. 1 El que habita al abrigo del Altísimo     Morará bajo la sombra del Omnipotente.      2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;     Mi Dios, en quien confiaré.      3 El te librará del lazo del cazador,     De la peste destructora.      4 Con sus plumas te cubrirá,     Y debajo de sus alas estarás seguro;     Escudo y adarga es su verdad.      5 No temerás el terror nocturno,     Ni saeta que vuele de día,      6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,     Ni mortan...
Ubaba: Todo te enoja, todo te molesta, no te he pedido que vivas mi vida, menos que des explicaciones de ella. Te lo agradezco, pero no.

Siete años después.

Probablemente no hubiesen hablando mucho, nadie sabe, pero seguro te hubiese querido como su cuñado favorito.

César.

Había soñado siempre en encontrarte, me aterraba pensar que pudieses estar en otro continente y te conocí en el lugar donde nací, en un día de celebración familiar. Me esforcé por conocerte, y no planeaba más, pero cuando noté que tu sí me aterré. Tuve miedo y me escondí, me la vivía haciéndote reír y contándote banalidades para no dejarte entrar a mi corazón, pero fuiste desgastando mi escudo, con tus palabras lo fuiste agrietando y al final se perforó. Fue sutil, estaba indefensa y nuevamente intenté escapar, pero no me dejaste ir. Pusiste la espada en tu espalda y nos colocaste entre paredes que se movían al centro; la espada traspasó tu corazón primero, me lo ofreciste, rojo resplandecía como vitral en el sol, fue cuando no pude dudarlo más y dejé que la pared me arrastrara a tu pecho para quedar atrapados en una estacada por ese fino metal que volviste tibio con el calor de tu sangre y de tu corazón. Caí sin defenderme, sin fuerzas me encontraba, pero que ...