Ir al contenido principal

César.

Había soñado siempre en encontrarte, me aterraba pensar que pudieses estar en otro continente y te conocí en el lugar donde nací, en un día de celebración familiar.


Me esforcé por conocerte, y no planeaba más, pero cuando noté que tu sí me aterré.

Tuve miedo y me escondí, me la vivía haciéndote reír y contándote banalidades para no dejarte entrar a mi corazón, pero fuiste desgastando mi escudo, con tus palabras lo fuiste agrietando y al final se perforó.

Fue sutil, estaba indefensa y nuevamente intenté escapar, pero no me dejaste ir.

Pusiste la espada en tu espalda y nos colocaste entre paredes que se movían al centro; la espada traspasó tu corazón primero, me lo ofreciste, rojo resplandecía como vitral en el sol, fue cuando no pude dudarlo más y dejé que la pared me arrastrara a tu pecho para quedar atrapados en una estacada por ese fino metal que volviste tibio con el calor de tu sangre y de tu corazón.

Caí sin defenderme, sin fuerzas me encontraba, pero que fácil es mantenerse en pie cuando alguien más te sostiene. Una vez que nuestros corazones de unieron por el puente de la sangre y el latino al unísono como el vals del mar sentí tus brazos sostenerme, acercarme a tu pecho y pedirme y dejarme morarlo por siempre en la eternidad de la eternidad.

Sé que quieres saber de mi pasado porque pretendes saber si a alguien más he querido, te pido que si por mi pasado preguntas sea para conocer únicamente de mis vivencias pues de amar no te puedo contar, pues de amar sólo en ti puedo pensar.    

Sé qué no ha sido fácil y que tenemos camino por recorrer, pero que camino más bello me ofrece Dios con sus manos abiertas a través de la vida, senderos con bellas flores, prados verdes, amarillos, amaneceres, tardes ópalo y rosas, noche estrelladas, tormentas, sequía, lluvia y abundancia.

Me cuesta explicar aquello que sólo se siente, y aunque pueda escribirte palabras intensas no hay NADA como mi boca en la tuya, mis labios sobre los tuyos, bailando danzón, a veces tango; nada como tu mirada en la mía y viceversa en esos espejos de alma, corazón y cristal.

Nada como caminar con cálidas manos una sobre la otra, nada como mi cabeza en tu pecho, tus brazos en mi cintura y recostarnos para poder ofrecerte esa misma calma y protección con tu cabeza en mi regazo, mis dedos viajando suaves en tus negros cabellos o simplemente dejándome caer para que acomodes tu bello rostro sobre mi pecho, donde hace eco el rápido o lento latino de mi corazón.


Te amo.

Comentarios

Entradas populares de este blog