Debo admitir con serenidad que aun me duele, no del todo ni a todas horas, pero aun sucede, trato de ignorar todo aquello que su presencia me ofrece y lo tiro por la ventana a toda velocidad para mancharme las manos lo menos posible, luego recuerdo tu fotografía, dista mucho de cómo recordaba que eras en persona y a decir verdad miedo es la última cosa que provocas, tan embustera como él, debí saberlo. En vivo y a todo tu desgastado color gris manchado de sangre estabas nerviosa y no eran presentimientos pues de mi existencia ya sabias, él, cínico como siempre ocultaba todo lo demás o quizás no, pero solapaba con sus palabras y su mano en tu rodilla todo aquello que sabía que pasaría. De ese momento más de cien lunas han pasado y ahora después de mis confesiones vespertinas cree que lo sabe todo de mi, después de creer que hablo todo el tiempo sobre él sé que ha caído en la trampa de su propio preju...
Antes de todo te recuerdo, les recuerdo, que aquí guardo mis cartas, por si algún día pierdo el corazón y la sonrisa.