Antes de todo te recuerdo, les recuerdo, que aquí guardo mis cartas, por si algún día pierdo el corazón y la sonrisa.
Mae.
(Sólo ahora entiendo la firma de anónimo,
sucede cuando quieres decir y ya).
¿Hablo de ti?
¿Seguro?
Jajajaja a lo mejor, a lo mejor…
¿Puedo seguir mintiendo?
¿Es eso un sí?
Es broma, no te estoy pidiendo permiso.
A lo que voy: No eran mis palabras, quita dos palabras al principio.
Me voy en enero a ver si consigo algo con el gris y sus dos puntos negros que movieron un poco mis entrañas…
No son mis palabras y jamás pensé apreciarlas, sin embargo el “jamás pensé” tiene muchos ayeres:
…
Lo he pensado mejor y poner sus palabras tal cual podría ocasionarte un alto ego si por accidente (como única forma de que pudiera suceder) leyeras mis escritos...los que te sigo dedicando...
No quiero entonces que haya una falta de respeto pero sintetizando sus palabras te digo: siempre necesitaste a quien necesitar.
Me eres ajeno a las 10:48 p.m. tan ajeno como no pensé jamás, en este momento no te conozco, no sé de donde saliste y a pesar de que te amo pareces tan fugaz en mis recuerdos, entiendo que estuviste aquí porque mi corazón llora todavía aunque sólo de a ratos. Las miradas que eran para ti son menos constantes y sólo me tropiezo aun con los comentarios que pareciera tirito hacia a ti cuando me llenas de preguntas calificando mi perfección en general.
Y ya con las palabras de una mujer que no es mi enemiga más ácida y a veces indiferente compañera de los 365 días por 4 más que yo se que has sido miserable y no me agrada. Ella ha sido miserable también aunque lo niegue, tampoco me agrada.
Te gusta ser ajeno en letra MAYÚSCULA y esta palabra repetida ya se encuentra, te gusta serlo, porque sale de la naturalidad nacional que dices detestar, porque quieres medir la maldad que profesas cuando solo eres peligroso...pues...verás...ha si lo siento ya recuerdo ¿hablaba de ti verdad?...
Te decía que eres malo (o supuestamente peligroso) porque dices usar palabras sin calidez o por hacer cosas “a lo bruto” cuando eres como ella, como yo, en el fondo o por fuera el que alguna vez me pidió que lo abrazara, “me hace sentir seguro” me dijiste.
Y escribiendo a lo loco como soy mas no como suelo hacerlo tengo la imperante necesidad de mencionar que en letra tu edad si pesa.
Bueno, me despido con las cosas más bellas que me has dicho para intentar con todo mi desinterés seguir reacomodando mi cariño hacia ti para dejarte como mi mejor amigo y mi “alguna vez” entre risitas…
-¿Mis ojos son pequeños?
-Tus ojos son grandes, hermosos y expresivos.
...
-Eres mi persona favorita para dormir.
-¿Por qué?
-Porque no roncas…
Y algo más que dijiste y la verdad como otras cosas que parecían importantes, ya no me acuerdo.
Sí, pienso en ti.
No, no de la misma forma.
Total, unas líneas más o unas líneas menos a veces pueden bajarte de la nube en la que todos pensamos (quiero decir, piensan) que estas y que en realidad no existe, he considerado (no decidido) que tal vez podrías ser mi estro en todas sus definiciones, sólo que siguiendo la línea de los ascos o las crudezas borrachas, ácidas y dolientes de Bukowski más bien mis escritos tendrían una sección especial sobre “buenos huraños y como tratar de repeler a la gente con éxito” aunque al final seas sólo un personaje de ficción.
Dos palabras menos: Te amo.
Se me olvida algo importante, una cosa más que disfruto y otro dato curioso aunque ni tanto:
Cuando veas que somos tan iguales es porque juego muy bien las cartas que me enseñaste, a veces.
Me encanta escribir de cosas que me has dicho porque se bien que no las recuerdas.
Nota:
Oye, después de todo si tuve ganas de llorar pero me distraje escribiendo y lo
olvidé...
Comentarios
Publicar un comentario