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A mis 40 años

Abrí los ojos y aunque el mundo desconocido me cegó por un breve instante con su luz, pude darme cuenta más tarde del hermoso panorama. Sabía que no encontraría a alguien como tú y en lo real de las palabras y sin pensamientos tristes me alegré.

Hoy que los días han pasado por mi cuerpo, por mi alma, por mis memorias, puedo decir que recuerdo como un sentimiento momentos de felicidad, pero también hay cosas que sé que pasaron y no logro recordar, deduzco por experiencia pasada que momentos gratos no fueron y por ello en lo más profundo de algún mar desconocido se hundieron, más bien los hundí.

Recuerdo las cosas pequeñas y particulares, tu lunar en aquella boca que siempre desee me besara por voluntad propia, ese lunar que hacia mapa en la curva de tu boca, tu espalda ancha, tus brazos cálidos y...ya no recuerdo más, me es imposible coser las partes de tu cuerpo en mi memoria, quedaron esparcidas en el tiempo, imposibles de juntar como el corazón aquel que yo portaba a mis jóvenes y maravillosos 25 años, cuando pensaba que había tonterías en el mundo, cuando entendí que esa palabra no debía caber en ciertas oraciones.

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