Mis padres por fin han visto
nuestro cortometraje documental “Sombras del Asfalto”, me llenó de felicidad,
satisfacción y alivio…
Un
momento lúcido en el día, mi cabeza duele nada, sé que el dolor está escondido,
incluso reposando de tanto trabajar, pero disfruto estos momentos de paz como
si fueran los únicos en años.
Por la
tarde escribí:
Veo a personas con problemas desde el desempleo
hasta la muerte, “esto no podría pasarme a mí”, o quizá ni si quiera pensamos
en ellos hasta que nos sucede.
Yo que adoraba dormir voy casi arrastrándome a
la “meta” de 2 años con insomnio; jamás pensé que pudiera pasarme, ese “jamás”
debería ser borrado, expulsado o prácticamente repatriado de mi vocabulario.
Aunado a ello el neurólogo me diagnosticó depresión, -pero ¡hey!- yo sólo
pensaba –¡me siento de maravilla!, si he estado estresada pero…- salí de la
consulta desconsolada, realmente tenía que pensar las cosas, lo que realmente
es la depresión ¿cómo no me di cuenta? –entonces lo estoy aceptando- ¿de
verdad?.
Volví caminando lentamente a la oficina, me
senté en el escritorio usual (quise poner mi escritorio pero sigo sin poder
desprenderme del “mi” “mío”, no porque sea particularmente egoísta, sino porque he notado
que decimos mi casa, mi perro, mi esto y no estoy segura de que nada nos
pertenezca, en fin, tarea aún no realizada) cuando vi un montón de gente reuniéndose
fuera de mi lugar de trabajo, en el pasillo –oh sí- recordé, es mi cumpleaños,
la cita del neurólogo fue un regalo de mi papá, el realmente necesitaba verme
dormir (claro, yo también #desprendiemientoastral).
Efectivo regalo, se lo agradezco mucho, dormí
bien los primero días, como boxeadora fracasada, noqueada por el medicamento,
pero mes con mes, cita, receta controlada, medicina, circulo vicioso y dinero,
mucho dinero que no quería que mis papás gastaran cuando siempre he pensado que
las respuestas están en mí así que abandoné ese barco aunque el doc y yo
teníamos un clic en nuestras pláticas y yo quería saber más sobre ciertas
cosas, Carlos Castaneda por ejemplo, pero me bajé del barco sin decir adiós –soy
una grosera, soy una grosera- (sólo que a diferencia de mis textos mis
pensamientos no han ido tan profundo y mi auto-examinación puedo decir sin
orgullo alguno que ni si quiera comenzó, y añado, mañana voy a un médico nuevo,
el segundo, increíble).
-Yo puedo manejarlo, yo puedo con todo…
Creo que el problema está en esta última
palabra, o palabras, YO en realidad NO PUEDO CON TODO –Saraí Azúa espero leas
esto, es una advertencia amiga, no quiero verte mal, y no, hastiada de la
autocompasión te digo NO, NO PUEDES CON TODO, recuerda a K. Wilber, uno es
todo, todo es uno, todo se resuelve, lo digo para ambas-.
De pronto veo a mis amigos, a mis primos, a mis
conocidos, todos casándose, teniendo hijos (la carrera que empecé demanda mucho
de mi tiempo y no me considero particularmente una persona difícil de tratar,
tal vez si tuviera una gemela me diría lo mismo, que poco objetiva –ahora me
río-).
¿Pediré acaso demasiado? HACER CINE y todo lo
que involucra., pero por ahora mi cabeza
maquila cien ideas, doscientas, tres mil, vagas, incoherentes, tal vez
terminen en el árbol de la vida despilfarradas dando sentido al todo y a la
existencia de la nada (me acordé de uno de mis salvavidas, Ken Wilber); por el
momento nada adecuado, aunque en mi mundo de los ¿quién sabe? Tendré que
indagar.
Vuelo por aquí, me raspo por allá, mi trabajo
en la oficina –mí, mí, mí- no me satisface –me, me, me, como un animal (río y
río para mis adentros con una mueca que figura ligera locura en mi rostro
pálido y ojeroso, mi madre duerme, son las 10:44 y transcribo lo de ésta tarde
¿papel y lápiz? Más bien papel y lapicero, irremplazables, como una máquina de
escribir –sí sí en eso chapada a la antigua, ha claro y también que me pidan
matrimonio de manera tradicional- DEBERÍAN VER LA MUECA DE RISA GIGANTE DE
CHESHIRE “GATO RISÓN” QUE TENGO, pero lo que dije es VERDAD).
Escribir, fotografiar, filmar, interpretar,
sentarme en la sala o en la banqueta con un libro, sola o acompañada, una taza
de café, el olor a la tierra mojada, el viento, el mar o la mar, eso me hace
feliz, claro, mi lugar favorito en el mundo, una sala de cine.
Mañana tengo que llamar a Eira, creo que
esperaré a salir del psiquiatra en mi primera cita a las 2:00 p.m. horario
central (no se preocupen, también pude ver la expresión de horror en el rostro
de mi papá cuando le dije hace rato, por la tarde, que había decidido acudir,
jem, las personas deberíamos informarnos más, las ramificaciones de la psiquiatría
con considerables).
Luego, tal vez, pueda huir al cine, me hace
feliz ¿mundano? eso sí que no me importa. -¡Oh!
ver cine. Como ayer que lloré viendo The
Black Balloon con Rhys Wakefield -al fin, al fin, sin coincidencias, a su
debido tiempo- y hoy Hwal de Kim
Ki-Duk (maravilla).
Rhys Wakefield espera, tengo que conocerte,
tratarte, de verdad, trabajar contigo, tu sonrisa y tu penetrante voz, oh es
algo que realmente quiero hacer.
Ahora pienso en todos los tontos que pensamos –sí,
me incluyo, bravo- que somos eternos. Mi madre acaba de abrazarme y pedirme que
cuando ella no esté mi hermana y yo nos apoyemos…le pedí que dejara el tema,
aunque ambas lloramos, con recuerdos y presente.
Tengo que aceptar que aún tengo depresión, pero
¿de dónde vino?, ¿por qué se quedó?; aún soy demasiado cobarde para escribir el
probablemente no tan largo párrafo que lo explica.
Los hechos: Tengo 26 años, mi hermano mayor murió
en un accidente automovilístico (yo la uña el, la mugre, yo la mugre y el la
uña). Pestañeó al volante en una curva peligrosa llamada “La Curva del Cristo”,
carretera en construcción, piedras gigantes en el camino, el contra turnos de
24 por 24 horas en su noche de descanso; no había dormido casi nada o nada, eso
nunca lo supimos, lo cierto es que tenía recién cumplidos los 30 años, y si yo
pensara que 30 es la tasa normal de mortalidad “seguro” hubiera tomado otras
decisiones. No, en realidad no, en realidad eso que pasó me condujo a otro
camino. Si hubiera, tal vez, quizás, excusas excusas excusas. En realidad su
muerte me hizo fuerte, su muerte física, el dolor más grande que he sentido en
mi vida, unió a una parte de mi familia, desmoronó la relación con otra parte,
como decía LOS HECHOS.
Parece que como siempre, desde mi
semi-consciencia de la depresión tengo TODO para ser feliz menos las ganas,
esas van y vienen.
Leeré algunas páginas de Ken Wilber, veré Hwal (me
adelanté diciendo maravilla por la transcripción tardía del texto, son las
10:58 p.m. y claro que la vi); tal vez luego vuelva a 50 Shades of Grey que
empecé el sábado y por el momento llevo 20 minuto de retraso con la toma de MI –jajajaja
cayeron, y yo también blah- medicamento.
Uff…ÁNIMO ELEONOR, tu amas la vida.
DESPIERTA.
SI PUEDO.
LO HAGO.
EN LETRAS POR AHORA.
LO HAGO.
HOY, MÁS TARDE, MAÑANA.
EL MISTERIO.
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