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31 de febrero


Hace ya mucho que te escribí esto, pero es hoy que he dejado de dudar de mi destino trazado mano a mano con Dios.

31 de febrero

decidí escribirte hoy porque es un día que no existe para ti
tampoco para mí
porque es un día donde todo se puede y nada sucede
un día donde mi mente y mi corazón se dejan de torpes colisiones disyuntivas
para dejar el opaco suspirado que se provoca en mis tardes amarillas

un color muy fuerte
de fortaleza, luz
luz que desmedida quema los restos de las cartas que sí te escribí pero sigo sin darte
donde la dirección no está escrita
pero si tu nombre completo
donde los sellos postales conocieron otras puertas, y uno que otro, solo las palmas de mis manos

un nombre que sigo queriendo como la primera vez
un nombre que ya comprendo
con todos los apéndices logrados en la música de nuestras vidas

quisiera escribirte más
pero no es mi tiempo de concluir

transito despacio
y siempre un poco ingenua como he nacido
llevo una sonrisa en los labios
y un porte orgulloso con viento en mis cabellos

unos años más y tal vez, casi seguro, podré terminar éste escrito para ti

sin embargo, hoy recordando tu silueta pienso y luego me pregunto...
más allá de los brincos infantes que das cuando los deseos terrenales acechan tu puerta
sí, esos que te distraen de tus penas cotidianas
¿qué piensas cuando caminas cabizbajo?
¿en la vida que quieres o en la que querías?


comenzando mis letras pensé
como hubiese querido conocerte un 31 de febrero
para simplemente pensarte como un sueño
sin heridas que no sanan

pero qué tontería más grande
si con alegrías únicas y tristezas propiciadas
vivirte ha sido lo único en mi vida
que todavía no puedo describir

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