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29 de junio de 2012 11:43 p.m.

Empezó como un gracias especial y terminó como siempre en catarsis, es gracioso que siempre pienso que es el final de mis palabras hacia el pasado y no había sido hasta hoy que he logrado entender que las cartas del verdadero adiós no acaban con esa palabra, más con serena cordialidad.

Te has vuelto tan importante en mi vida, casi indispensable, pero me gusta que el “casi” se quede tal cual porque no necesito tenerte, atarte, aprisionarte, estas porque lo deseas y eso me da toda la felicidad.

Me reencontré con viejos amigos para revivir la amistad, no he visto a otros y sé como siempre que podemos necesitarnos y llamarnos con el corazón para luego vernos y decir, "estamos bien, nuestro corazón late, tal vez a menor velocidad, pero lo hace".

También he conocido a personas, nuevas y maravillosas que me han adoptado como parte de sus pensamientos, de su vida, de su corazón ¿puede ponerle un precio a eso Señor del Café?

Si puede lo felicito por vivir en su hermosa mentira, que es suya y no hay más, no se juzga, está bien para usted -¿de cuándo a la fecha le hablo de usted?-, y su siempre estable zona de confort, pero le digo una cosa –creo que el usted es porque me es ajeno casi en totalidad- y luego le recuerdo otra.

1. No siento tristeza o lástima, ni por usted ni por mí, ni por nadie, lo cual me libera de todo y me siento plenamente feliz, capaz de tomar responsabilidades sin que sean forzadas, de ayudar si me es posible y de hacer lo imposible si se me dificulta; de atar a la mano de mis hermanos un listón rojo que es frágil y fuerte según las circunstancias, en cualquier mano puede estar, no para que permanezcan aquí, ahora, tiene una longitud impresionante y va con ustedes a cualquier parte, para que recuerden que estoy.

“Si doy un pequeño tirón es para que mires que algo sucede, sólo por si estabas distraído, si jalo más fuerte es que algo mayor ha pasado, pero si tu mano permanece estática, sin llamadas gentiles en tu muñeca es porque yo misma he cortado lo innecesario para nuestro bien, haz tú lo mismo”.

2. Quiero decirle que si después de leer esto sigue poniendo un precio a todo seguirá llorando entre sus sábanas azules y su cortina naranja con esa mancha de humedad en la pared, rodeado de reclamos propios y ajenos, distrayéndose con los viejos tiempos aunque le provoquen llanto. No intente mudarse, la mancha de humedad lo seguirá por su naturaleza melancólica y se impregnará en cada pared de su habitación, tal vez incluso pueda anotarla en su testamento y heredarla formalmente  sus descendientes.

Hay señor del Café, la vida no es corta, no es larga, no es totalmente como quiere que sea -idealismo, todos lo tenemos-, es a veces como los demás la quieren para usted, para nosotros, planeándolo o no, pero sin quebrarse la cabeza como esta semana hice yo puedo ahora simplemente pensar, sentir y decir que la vida es…simplemente ES, más nada puedo pedir ¿usted sí?. 

Le conozco suficiente para imaginar cómo suenan sus reclamos disfrazados de "los motivos por los cuales no tienes razón", pero de pronto he bloqueado incluso su rostro y termino nuestra conversación: siga trabajando, seguro que lo que busca está más cerca de lo que piensa.

Me despido con el corazón en el pecho dónde siempre ha estado diciéndole que le deseo fuerza y corazón para lo que viene.

P.D. No me busque, ya le escribí hace mucho que me mudé y no deje dirección de respuesta, pero si ha conseguido mi nuevo domicilio y escribe quemaré las cartas como siempre, no sólo porque sean suyas, sino porque dicen siempre lo mismo y de ellas aprender no puedo más.

Recuerde, fuerza y corazón, sobre todo corazón.

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