Debo
admitir con serenidad que aun me duele, no del todo ni a todas horas, pero aun
sucede, trato de ignorar todo aquello que su presencia me ofrece y lo tiro por
la ventana a toda velocidad para mancharme las manos lo menos posible, luego
recuerdo tu fotografía, dista mucho de cómo recordaba que eras en persona y a
decir verdad miedo es la última cosa que provocas, tan embustera como él, debí
saberlo.
En vivo
y a todo tu desgastado color gris manchado de sangre estabas nerviosa y no eran
presentimientos pues de mi existencia ya sabias, él, cínico como siempre
ocultaba todo lo demás o quizás no, pero solapaba con sus palabras y su mano en
tu rodilla todo aquello que sabía que pasaría.
De ese
momento más de cien lunas han pasado y ahora después de mis confesiones vespertinas
cree que lo sabe todo de mi, después de creer que hablo todo el tiempo sobre él
sé que ha caído en la trampa de su propio prejuicio y se por tanto que nos
conoce tan poco como se conoce el mismo.
Un buen
amigo repite “yo no sé bailar pero como me divierto” seguro te pasa lo mismo
que a mi hada rosa, tus alas teñidas de sangre falsa pesan demasiado y no te
dejan volar lo suficiente al lugar donde otra música suena suave y melódica.
Sinceramente
esperanzas en ti no tengo, sé que tu sillón limón por agrio y colorido te hará
quedarte para siempre, incluso cuando te des cuenta en realidad que tratas de
bailar un son que no te corresponde en felicidad más en tragedia.
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