Me encanta esta templada madrugada imaginaria, es tan azul
como siempre la he soñado, aunque no debería estar particularmente contenta
porque madrugar siempre me provoca dolor de cabeza, pero bien ya estoy aquí con
la bata de baño sobre la pijama, mis pantuflas, las graciosas de las que
siempre me haces mofa y un broche en el pelo, uno me que diste porque te lo
pedí, ¿recuerdas?.
-Aquel, aquel color naranja- insistí para que mirases y tu
dijiste -de acuerdo pero el turquesa me gusta más para ti-, pero yo no había visto
el turquesa hasta que tú lo señalaste y me encantó.
Sólo hasta ahora que moví
la mano a mi cabello para tocar el broche me di cuenta al regresar la mano a la
húmeda baranda que estaba soñando despierta, hacia mucho que no lo hacía,
estábamos los dos de acuerdo en que era una pérdida de tiempo, pero eso no
quiere decir más que lo bien dicho y a mí como me encantaba perder el tiempo de
aquella forma, desprendiéndome de mi cuerpo y llevándote en la imaginación a
todos lados.
Veo que el sol empieza a despuntar y sabes que me molesta la luz,
voy a cobijarme un rato más, esta vez sin llorar porque me duele la cabeza y
hoy quiero dar un paseo sin molestias.
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