Tú y tus hadas musicales pueden vivir en la guarida que les
ofreces para siempre, son esa clase de hada que ha nacido para el sacrificio
doloroso deseado por ellas mismas.
Se queman en venenos verdes pero gozan su disolución entre
burbujas que revientan al tono de una danza que encabezas desde tu lecho rojo.
Agonizan ante ti y sonríes sínico de gusto.
Ellas ingenuas como las criaturas que son, buenas y
perversas a la vez conservan ese corazón o ese pedazo al menos que les seduce contándoles
que en su muerte les amaras como a ninguna otra hada.
Quisiera advertirles, hacerles saber que no es verdad, pero
como ya he mencionado es por propia mano que fallecen, sin entrañas.
Conservas sus huesos en objetos preciados, sus olores en tu
piel y sus palabras dulces, románticas en tus burlas.
Pobre de ella...me
quiere tanto -piensas-.
A veces me pregunto sólo una cosa ¿quién juega con quién?
¿Estás seguro que tú mueves los hilos o es sólo el motivo de
tu impotencia para controlar tu vida el que te lleva a circundar situaciones
que "están en tus manos"?
Eres como yo presa de las indecisiones de los demás, del
clima y del clímax.
Pobre de ti y pobre de mí, de ti por seguir palabreando
sobre tu reinado inexistente, por seguir diciéndolo en voz alta a necesidad no
que de que te crean, sino de creerlo tú, desconfiado de todos, desconfiado de ti, y
claro, pobre de mí, porque sigo cambiando y no sé qué rastros son los que dejaré de mi presencia ni cuanto cambiaré o más bien cuanto he ya cambiado.
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